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Cooperativas, un ejemplo de lo que se debe proteger

Referencia: 
Agricultura

El pasado viernes a la medianoche llegó a su fin un acuerdo entre los grandes camaroneros del Pacífico Central y una minúscula cooperativa de pescadores ética y profesionalmente responsables, Coope Tárcoles R.L.

Dicho acuerdo, alcanzado de forma voluntaria hace un año con la tímida intermediación del Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura (INCOPESCA), restringía la pesca con rastras en una franja de entre 8 y 15 brazadas de profundidad que se extiende desde la desembocadura del río Jesús María, hasta casi Punta Leona. Esta zona, que incluye a las comunidades de Agujas, La Pita, Pógeres, Tárcoles y Playa Azul, es rica en peces y crustáceos. Pero además y como resultado de esa decisión lograda entre artesanos, industriales y Estado, experimentó un notable aumento productivo. Tanto, que para sorpresa de las comunidades aledañas, hoy se cosechan en toda el área bivalvos que habían desaparecido desde hace décadas y se daban por extintos.

Pese a ello algunos camaroneros –por suerte una minoría aunque los demás no se quedarán al margen una vez que se inicie de nuevo el espolio- han decidido volver a saquear las aguas anteriormente vedadas a sus rastras. Lo harán porque el INCOPESCA, demasiado timorato y dominado por los intereses privados que controlan a placer su Junta Directiva, todavía no ha tenido el coraje de extender el plazo de la veda. Más aún, corre el rumor que, de producirse eventualmente la extensión de la veda por otro año, INCOPESCA la generalizará no sólo para camarón sino para todas las especies de peces.

Si ello ocurriera, los más afectados serán las y los artesanos del área, pues se les prohibirá pescar tanto y como a los camaroneros cuando bien podrían continuar haciéndolo sin afectar la veda de crustáceos, que es la que resulta imperativo respetar. O sea, que de un acuerdo “ganar-ganar” en el que se beneficiaban industriales y artesanos, se garantizaba la vida digna de más de 300 pescadores y pescadoras, sus familias y personal de apoyo y se mejoraba la calidad y cantidad de peces y mariscos disponibles para la explotación productiva, estamos a punto de pasar a otro “perder-perder” en donde todos se perjudican, aunque más (mucho más) los eslabones más débiles de la cadena.

Semejante despropósito alarma, y más todavía porque las autoridades del Gobierno, quienes deberían ser las primeras en atender con creatividad y determinación una situación que de resolverse podría ser ejemplo para otras similares en el resto de nuestros territorios costeros, se han quedado paralizadas ante la arremetida de los poderosos intereses de la industria pesquera. Y alarma también porque no se puede entender cómo industriales inteligentes, muchos de ellos conscientes del beneficio que la veda voluntaria produjo en sus rendimientos, se dejan mangonear por unos pocos para quienes lo único imaginable es depredar tanto y tan rápido como sea posible, un mar que se agota precisamente porque no se respetan los acuerdos que buscan potenciar su impresionante capacidad productiva.

Las y los pescadores de Coope Tárcoles lo han hecho bien: decidieron adoptar voluntariamente un código de pesca responsable; crearon un consorcio productivo con otra cooperativa, Coope Solidar R.L., que les capacitó y visibilizó con el fin de divulgar sus iniciativas y colocar su producción en mejores términos; han ganado premios internacionales por su trabajo y, como si todo eso fuera poco, hoy venden pescado de excelente calidad en instalaciones limpias y cómodas. Y sin embargo, pareciera que los poderosos se confabulan contra ellas y contra ellos. Y nos sólo los camaroneros sino también las autoridades municipales del cantón de Garabito, las cuales han ya demandado que se larguen a otra parte pues sus humildes casas y las instalaciones de la cooperativa ocupan desde hace muchísimos años, terrenos que se encuentran dentro de los límites de la zona marítimo-terrestre y serán demolidas.

¡Ay Costa Rica! ¡Cómo se esfuerzan unos pocos por hacer todo al revés con el fin de satisfacer los más mezquinos intereses!

Publicado originalmente en Trinchera Ciudadana, El País, 20 de agosto 2012.