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La añoranza de algunos por el bipartidismo

 

Si de algo no debería caber ninguna duda es de la intensa campaña que se ha desatado en aras de revivir al bipartidismo.  Esa aspiración, que ya casi no disimulan los voceros gubernamentales, se magnifica en la línea editorial de los principales medios de comunicación del país y ahora, también, en las oportunistas acciones del partido oficial que sin ningún empacho toma distancia de las decisiones del Poder Ejecutivo en un intento de lucir “independiente” ante el desatino de una Administración cada vez más errática y aislada.

La añoranza de algunos por el bipartidismo de otro tiempo está siendo alentada con el relamido argumento de la “ingobernabilidad”.  Ahora resulta que el país “siempre” estuvo mejor cuando había dos fuerzas que se repartían la torta cada cuatro años. Quienes postulan esa teoría afirman que la pulverización del sistema político después del año 2000 es la responsable directa del estado de parálisis, postración y desencuentro en que se encuentra Costa Rica.  Esa fragmentación también sería la causante de la inoperancia burocrática y una presunta “falta de orden” que, en toda la administración pública pero en especial en la Asamblea Legislativa, impide que se dé cumplimiento a la voluntad de la mayoría y, en consecuencia, se garantice la viabilidad democrática en el país.

Tales hipótesis son falaces o abiertamente falsas.  Primero, porque la “fragmentación política” no se produce sola sino que es el resultado de una creciente diversificación de la sociedad costarricense que va a aumentar –no disminuir- en los próximos años.  Segundo, porque el bipartidismo de otrora fue el causante (no la víctima) de muchos de los peores escándalos de corrupción en la historia de Costa Rica, algunos de ellos de reciente data.  Tercero, porque la“parálisis” sistémica es resultado de la falta de voluntad de los detentadores del poder económico y político, de fraguar grandes acuerdos nacionales capaces de trascender el estrecho marco de los beneficios sectoriales o de pequeños –aunque poderosos- agentes privados.  Cuarto, porque la marca indeleble de la verdadera democracia se expresa en el respeto escrupuloso de la opinión de la minoría, que la de la mayoría viene casi por añadidura.

Independientemente de estas y otras reflexiones, no deja de llamar la atención cómo se articulan los argumentos a favor del bipartidismo, la mayoría de las veces disimulándose en todo tipo de argucias. Ese podría ser el caso, a título de ejemplo, de lo acontecido con el Informe de la Comisión de Notables reunida por la Presidenta de la República con el fin de que brindara ideas sobre cómo “devolverle eficiencia credibilidad y legitimidad” al sistema político nacional.  En el fondo, este Informe lo que busca es generar condiciones que faciliten la aprobación rápida de proyectos de ley prioritarios para las mayorías legislativas. Ello requiere de una reforma reglamentaria y muchos otros ajustes de diversa complejidad en los procesos de toma de decisiones; sin embargo su principal problema se encuentra en otra parte: ignora el momento histórico por el que atraviesa la sociedad costarricense e intenta esclarecerlo precisamente con los instrumentos que la gente más rechaza en un momento de transición como el actual.

Me parecería lamentable que la gente pueda caer en la trampa retórica que el PLN y otros sectores de la élite económica y social del país están montando de camino al 2014.  La primera línea de defensa frente al bipartidismo tradicional que quiere recomponerse se encuentra en una ciudadanía vigilante y crítica.  Es allí donde hay que derrotarlo.

Luis Guillermo Solís

Publicado originalmente en Trinchera Ciudadana, elpais.cr, el 22 de abril 2013.