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Los “sin partido” nuestro gran reto

Según todas las encuestas, en Costa Rica el partido más grande es el de la gente “sin partido”.

Esta es una tendencia que se ha vuelto cada vez más dominante en la política local; un factor bastante inusual en un país en donde hasta hace pocas décadas prevalecía una situación de “bipartidismo perfecto”. Esta es la denominación que los expertos en temas electorales dan a aquellos regímenes en donde dos partidos se alternan en el poder a partir de un reparto “casi” idéntico de apoyos ciudadanos.

Este notable cambio, que corre parejo con situaciones similares en prácticamente toda América Latina, se da por diversos factores. En primer lugar, es producto del desdibujamiento ideológico, valga decir, de un fenómeno que hace que los partidos políticos otrora diferentes, cada vez se “parezcan más”. En segundo lugar, las sociedades latinoamericanas se han vuelto cada vez más diversas; lo que antes parecía ser un conjunto nacional relativamente homogéneo, hoy se ha convertido en un mapamundi de sectores, gremios, movimientos, poblaciones y todo tipo de expresiones organizadas de la “sociedad civil” cuya expresión política, en contexto cada vez más plurales y democráticos, tiende a la dispersión partidaria. En tercer lugar, la gente se ha hartado de la política, de los políticos, y de los partidos políticos.

Este desenganche ciudadano hace que éstos últimos ya no sean opciones casi “automáticas” que se escogían a partir de criterios de preferencia familiar, como era el caso en el pasado. Ahora la gente se acerca a los partidos (en los pocos casos en que ello ocurre de forma natural), de la misma manera con que lo hacen en el super mercado. Indagan, prueban, escogen y definen sus preferencias a partir de códigos cada vez más estrictos.

En la política contemporánea no se compra “a granel”: el consumidor ha aprendido a ser exigente y a no permitir que su participación político-partidaria sea considerada un hecho consumado. Hay personas que añoran el bipartidismo. Lo prefieren porque miran el nuevo momento como uno dominado por la falta de consensos, por el desorden y por una suerte de “dictadura de las minorías”, cuya opinión en un universo de fracturas partidarias tiene un peso relativo que en el pasado hubiese resultado inimaginable. Para esas personas hay una mala y una buena noticia. La mala, es que el bipartidismo que conocimos ya no volverá. No lo hará porque los cambios que han afectado a la sociedad costarricense ya no lo permiten. Vamos hacia un sistema político cada vez más fracturado y plural, no menos. La buena noticia es que, si somos inteligentes, podemos sacarle provecho a la nueva circunstancia de manera que, ordenándolo, aprovechemos a este fenómeno para fortalecer la democracia nacional.

Evidentemente, no basta con tener lucidez política para que ello suceda. El sistema político costarricense fue construido para preservar el orden bipardista, y ahora que ya no existe, se ha vuelto disfuncional. De allí la necesidad de avanzar en las reformas legales requeridas que son varias, entre las cuales sobresale una de alcance estructural: necesitamos que el sistema político se vuelva más parlamentario. Es decir, que permita la construcción de mayorías legislativas de forma más flexible y fomente la constitución de alianzas partidarias que vuelvan más eficaz el proceso de toma de decisiones.

En ese marco, creo que hay que perderle miedo a la diversidad y la fragmentación partidaria y más bien verla como un auspicioso signo de los tiempos. Si lo hacemos, veremos en ella una oportunidad estupenda para estructurar el ejercicio del poder político de manera menos arbitraria y opaca. Una ocasión como pocas para darle representación a fuerzas sociales que en el pasado tuvieron poca posibilidad de hacerse valer como expresiones legítimas del pueblo costarricense.

Para lograrlo se necesita visión, liderazgo y voluntad política (atributos que no son frecuentes en la Costa Rica actual). Eso y cuotas muy importantes de pedagogía ciudadana. El pueblo tiene derecho a saber, entender, construir y aplicar estos procesos en su propio beneficio. Sin el pueblo presente, nada en esta materia será posible.

Publicado originalmente en Trinchera Ciudadana, Nuestro País, 29 de Octubre del 2012.