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Mi renuncia al Partido Liberación Nacional

Decidí salir del Partido Liberación Nacional hace casi 9 años. Al igual que Ottón Solís, me retiré de esa agrupación por la corrupción interna que carcomió a sus dirigencias y por su claudicación a un modelo de desarrollo que solo promueve la desigualdad. ¿Una situación concreta que le puedo señalar? El fraude que se cometió en las elecciones distritales en contra de José Miguel Corrales y que denuncié en su momento ante los tribunales internos.

Tras esta renuncia no he cambiado mis valores. Fue el PLN el que perdió los suyos, promoviendo políticas que solo generan pobreza y que acentúan la brecha que hay entre ricos y pobres en nuestro país. Mis valores y metas siguen siendo las mismas de siempre. Al igual que antes, sigo aspirando a construir una Costa Rica mucho más equitativa, a partir de políticas públicas solidarias que tengan la ética como un valor central.

Lea la carta completa a continuación o descargue el documento imprimible.


 

POR RESPETO Y EN DEFENSA DE LAS BANDERAS DE DON PEPE: NUESTRA RENUNCIA AL PARTIDO LIBERACIÓN NACIONAL

Luis Guillermo Solís Rivera
Mariano Figueres Olsen

Nacimos y crecimos en hogares liberacionistas. Desde nuestra juventud asumimos la militancia en el Partido de don Pepe como un compromiso superior con la construcción de la Patria solidaria y próspera heredada de nuestro mayores y que también queremos heredar, superada, a nuestras hijas e hijos. Servimos en varias campañas y gobiernos liberacionistas y, en el marco de una de las más agudas crisis en la historia del PLN, asumimos nuestras responsabilidades específicas en los espacios a los que honrosamente fuimos convocados por el Partido bajo una hermosa consigna: “¡vive y avanza Liberación Nacional!” Pese a que con el advenimiento de la cuestionable reelección presidencial una mayoría de dirigentes resolvió anteponer los intereses electorales a la reforma estructural de la Organización y con ello inhibió nuestro propósito de volver a hacer y ser partido, continuamos promoviendo la refundación del PLN defendimos apasionadamente la realización de un Congreso Nacional; nos integramos a diversas instancias de reflexión y propuesta y participamos activa y entusiastamente en las elecciones distritales del pasado mes de agosto.

Agobiados por las irregularidades y fraudes cometidos durante dichas elecciones, denunciamos esos actos espurios y pedimos al Partido –infructuosamente y más bien motivando una reacción vergonzosa e insólita del Tribunal de Elecciones Internas- que investigara y sancionara al pequeño grupo de vándalos políticos que los habían cometido, traicionando una vez más la preciosa sangre derramada por quienes cayeron en defensa de la pureza del sufragio en 1948. Ello lo hicimos como homenaje al espíritu primigenio del PLN y como reconocimiento a la revolución silenciosa y pacífica que Costa Rica experimenta, y que tiene a la ética como su estrella guía. Nadie, entonces, puede dudar de nuestras credenciales partidarias, ni de nuestra lealtad reiteradamente probada, ni del esfuerzo firme y prolongado que realizamos como militantes y dirigentes liberacionistas en aras de corregir y mejorar hasta donde nos fue posible, aquello que considerábamos necesario para revitalizar la estructura del Partido, redefinir sus orientaciones programáticas y actualizarlas con miras a su remozamiento ideológico.

Nos sentimos consternados porque pese a que permanecen en el Partido muchos dirigentes sanos, inteligentes y bien intencionados quienes todavía creen que es posible salvarlo una vez que concluya el actual interregno, amigas y amigos a quienes queremos y querremos siempre y a quienes deseamos lo mejor en sus afanes políticos, la dirección superior de la Organización ha quedado en manos de una cúpula oportunista y reaccionaria. Un grupo que, si bien no es el único responsable del deterioro progresivo del PLN a lo largo de las últimas dos décadas, sí ha acelerado su decadencia ética y degradación doctrinaria al plegarse, acrítico y sumiso, a una opción hegemónica que a nuestro juicio no refleja los postulados esenciales del pensamiento socialdemócrata liberacionista. El PLN ya no es alero generoso ni casa común pues, si en el pasado ya el Partido había perdido el rumbo, hoy creemos que también ha perdido el alma. El primero se puede reencontrar, la segunda, cuando se va, lo hace para siempre.

Somos parte de una generación de liberacionistas que reivindican la vocación socialista y democrática que debe caracterizar al modelo productivo y al régimen político costarricense de las próximas décadas. Creemos en la empresa privada como instrumento legítimo y necesario para la generación de riqueza, pero también en la obligación de que ésta contribuya solidariamente con el desarrollo nacional y con la creación de oportunidades crecientes para el mayor número. Creemos en un Estado eficaz y eficiente, pero también en un Estado fuerte, regulador y capaz de neutralizar –sin abusos ni prácticas totalitarias- los efectos perversos del libre mercado. En ese sentido, rechazamos el abandono que el PLN ha hecho de su histórica alianza con los sectores medios del país (en particular con los agricultores y maestros) y el contubernio que lo ha sustituido a favor de un modelo excluyente, injusto y concentrador de la riqueza que privilegia el lucro sobre la inversión social, y que ha sumido a demasiados conciudadanos en la más oprobiosa miseria.

Rechazamos igualmente las actitudes antidemocráticas y el espíritu bonapartista que favorece el grupo que actualmente hegemoniza el control político del PLN. Estas tendencias nefastas, que se expresaron a partir de la reinstauración de la reelección presidencial pero que se han profundizado desde entonces de manera consistente, constituyen manifestaciones de una visión del mundo propia de los despotismos y no de un partido pluralista, moderno, articulado desde la base por medio del debate sustantivo con lealtad y disciplina, con respeto al pluralismo. El que la mayoría de la dirigencia nacional del Partido esté dispuesta a plegarse a las demandas de un líder iluminado, constata el mayor mal que aqueja hoy al PLN y a sus arrogantes e ineptas estructuras superiores: la vanidad.

Pero si lo anterior es de suyo grave e inadmisible por razones tanto éticas como políticas, no lo es menos la incapacidad de la cúpula oportunista para reconocer y asimilar la nueva realidad histórica que vive el país. Semejante prepotencia, que en algún momento comparamos a la de un dinosaurio viviendo en el mundo de los mamíferos, se acompaña de una absurda pretensión redentorista que presupone –erróneamente, la existencia de voluntad en dicha cúpula para reformar y fortalecer al Partido una vez que éste haya sido usado como andamio electoral en los comicios presidenciales del año 2006, es un síntoma de la corrupción definitiva de un Movimiento que, habiendo sido lúcido por casi medio siglo, hoy admite conductas que en sus orígenes fueron motivo suficiente para emprender una guerra civil.

Es precisamente por mandato de nuestras conciencias, que se resisten a legitimar el aventurerismo de una minoría, y por respeto a la prolongada adhesión a los valores y principios en los que seguimos creyendo pero que ya no se encuentra cobijados por la bandera del PLN ni se reflejan en su práctica política, que hemos tomado la dolorosa decisión de renunciar de manera irrevocable e inmediata a nuestra militancia en ese Partido.

No puede llamarse hijo de don Pepe quien permite que la justicia social y el bienestar del mayor número sean suplantados como objetivos supremos de la acción política por prácticas bastardas que sacrifican el bien común en aras del beneficio personal. Nadie puede llamarse verdaderamente liberacionista si admite que se socave, por acción u omisión, la pureza del sufragio aún si esto es llevado a cabo por una minoría autorreferente. Esas dos perniciosas tendencias que se han enquistado en sectores dominantes de la cúpula y la dirigencia intermedia del PLN, la de la politiquería y la del fraude, constituyen en suma motivo suficiente para nuestra renuncia. Son también el acicate que nos inspirará para seguir contribuyendo, desde nuestros respectivos espacios profesionales y cívicos, al mejoramiento de la democracia costarricense.

Aquí, en La Lucha Sin Fin, el 16 de enero del 2005.

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